¿Cómo ha impactado las nuevas tecnologías nuestra cultura?

El filósofo Byung Chul Han analiza el impacto de las nuevas tecnologías y las incidencias sobre la realidad que tienen las mismas. Por ello, este artículo girará en torno a su obra: En el enjambre. Teniendo en cuenta que cada apartado comparte título con un capítulo de su obra, reflexionaremos en torno a ellos y sobre qué tiene que decirnos.

El listo Hans

¿Cuánto es tres más cinco? La pregunta nos sitúa en la necesaria vinculación entre la expresión facial y la facultad que tiene Hans, el caballo, el listo. Este, que data a principios del siglo XX en Alemania, lograba responder correctamente la pregunta que le formulaban golpeando ocho veces el suelo con su pezuña. Lo hacía leyendo la transformación que se producía en los gestos de los espectadores, dando solución al cálculo. Sin embargo, esta facultad no es propia y única de Hans: el ser humano la posee y el autor la define como el carácter táctil y corporal, cosa que no se reduce únicamente a lo visual.

Ahora bien, dicho carácter se despoja en la medida en la que los medios digitales permiten alejarse progresivamente de la conexión con esta dimensión: “el medio digital hace que desaparezca el enfrente real. Lo registra como resistencia. Así pues, la comunicación digital carece de cuerpo y de rostro.” (p. 42) Por ello, desaparece lo real y se sitúa lo imaginario, es decir, se elimina la concepción de lo que es, se niega, para ubicar lo que no es, pero que constituye la imagen de lo que es. Esto es posibilitado por la aparición del smartphone, que al igual que en un espejo, abre una esfera propia en la que solo estoy yo (lo que niego y afirmo de mi) y no hay cabida para el otro.

Homero narciso.

Lo que conlleva a que me guste lo que experimento por el medio digital, sin tensiones, con la comodidad de un clic o un sutil desplazamiento por la pantalla, para dejar de ver lo que me produce incomodidad. Esto es definido por el autor como un espacio de positividad. Este espacio está mediado por la pobreza de la mirada de lo digital. Byung Chul Han (2014) afirma al respecto:

Efectivamente, en Skype no es posible mirarse el uno al otro, este cree que su interlocutor mira ligeramente hacia abajo, pues la cámara está instalada en el marco superior del ordenador, La bella peculiaridad del encuentro inmediato, la de que ver a alguien es siempre equivalente a ser visto, ha dejado paso a la asimetría de la mirada. (p.44)  

Siendo así, con la aparición de las videollamadas desaparece la mirada que me escruta, me cuestiona y me empuja hacia un espacio de negatividad, de choque, de tensión, en cambio podemos disponer del otro, transformarlo. 

Huida a la imagen

Nos encontramos ahora con una idea general que atraviesa este capítulo: vivimos según un imaginario colectivizado. Surge con este imaginario la necesidad de captar la realidad bajo el foco de una cámara, eliminando el valor de la imagen real, para así, desaparecer la verdad de la realidad y encubrirla bajo la posibilidad de domesticación, que es posible capturando el mundo.

Para entender esto, el filósofo surcoreano nos ejemplifica este fenómeno con lo que designó el psiquiatra japonés, Hiroaki Ota, como el “síndrome de parís.” Básicamente, este síndrome ocurre cuando el turista japonés al llegar a dicha ciudad y darse cuenta que la realidad no corresponde con la noción que tenía del sitio, sufre inminentemente mareos, angustia, síntomas físicos, que se vieron afectados directamente por las influencias de origen psíquico. Surgiendo así la necesidad de capturar la realidad, digitalizarla, para encubrir la verdad y así proteger el imaginario subjetivo y el colectivo.

Un metro subterraneo lleno de basura.

Asimismo, lo digital impide de lleno la irrupción de lo real, pues el sujeto esta mediado por el consumo y la creación de estas imágenes que permiten huir de lo real. Por lo tanto, la imagen encubre la realidad, la muerte, el tiempo, en ultimas:

“El medio digital carece de edad, destino y muerte. En él se ha congelado el tiempo mismo. Es un medio atemporal.” (p.52)

La fotografía analógica es perecedera, en cambio, la digital permanece siempre joven y no deja entrever el paso del tiempo.

Foto de una estación de metro.

De la acción al tecleo

¿Es posible aún actuar teniendo en cuenta los procesos de la sociedad actual? Para entender la pregunta es necesario reconocer la distinción que hace Hannah Arendt, entre la capacidad de hacer historia, concebir algo nuevo: “actuar”, y la complejidad de hacerlo dados los procesos conjuntos de la máquina digital y el capital, pues, estos son de antemano un impedimento para hacer historia. Tal como lo distingue Vilém Flusser, el hombre nuevo ya no tiene que tratar con las cosas, en cambio está inmerso en las condiciones de información de las cosas, definitivamente el hombre dejó de tener manos que elaboran para tener dedos que teclean.

Ahora bien, el autor checo se equivoca al considerar que, al ser relegada la función de hacedor del hombre, se le permitirá ser un Homo ludens, que podrá dedicarse a lo que él define como “tiempo de la musa.” Es aquí donde Byung Chul Han expone que Vilém Flusser no reconoce la potencia que tienen las dinámicas actuales en las que el juego es consumido y transformado en trabajo, bajo la figura de la eficiencia, porque incluso el tiempo de descanso es útil solo en la medida en la que figura una renovación de la fuerza de trabajo. Cabe resaltar que ni siquiera el pensar en la desaceleración del tiempo de trabajo es útil, porque no es sino el tiempo de trabajo más corto, es decir, la dinámica se mantiene. Byung Chul Han (2014) asevera:

Hoy, en efecto, estamos libres de las máquinas de la era industrial, que nos esclavizaban y nos explotaban, pero los aparatos digitales traen una nueva coacción, una nueva esclavitud. Nos explotan de manera más eficiente por cuanto, en virtud de su movilidad, transforman todo lugar en un puesto de trabajo y todo tiempo en un tiempo de trabajo. (p.59) 

El mismo efecto de coacción se presenta ante la necesidad de estar siempre conectados, comunicados, porque esto contiene el mismo discurso de la eficiencia, discurso que solo se facilita en tanto que lo digital transforma el lenguaje en números, a saber: likes, tweets, amigos de la red social; esto es, en últimas, el resultado de digitar, calcular. En cambio, la historia es narrativa, contiene la posibilidad de articularse a los hechos de la realidad y formar un proceso que se puede experimentar como suceso, por ello bien definió el autor al proceso de digitar como una categoría “poshistórica.

Conclusiones y aspectos a considerar

En el primer apartado se dijo que lo que posibilitó la perdida de la mirada fue la aparición de asimetría de la videollamada, al estar la cámara sobre la pantalla del computador. El mismo fenómeno ocurre con la posibilidad de hacer una videollamada mediante WhatsApp, salvo que en este medio se ve claramente cómo la tesis acerca del narcisismo del sujeto se refuerza, al tener, por ejemplo: la opción de minimizar el vídeo de la persona con quien me comunico, para verme más a mismo, cumpliendo la función de un espejo, lo que refuerza la concepción de lo que considera el sujeto que es y que oculta al otro de manera directa.

Adaptación del fenómeno Y2K, en los Simpsons.

Una cuestión que queda abierta es si en realidad lo digital elimina la posibilidad de hacer historia. Por ejemplo pensemos fenómenos como el Y2K, también conocido como el efecto 2000, que consistió en el uso de dos números en lugar de cuatro en la fecha correspondiente al año, lo que suscitó que equipos con poca capacidad ahorraran memoria.

Fenómeno adaptado en los Simpsons: los ordenadores no reconocían el cambio de siglo.

Sin embargo, al usar estos números, se suponía que una vez alcanzado el año 2000 los ordenadores y demás sistemas informáticos marcarían el año como 00 sin tener en cuenta el cambio de siglo, por ejemplo: el  1 de enero de 2000 sería en realidad el 1 de enero de 1900 o de 19100. Asimismo, otro ejemplo es el el uso de datos de Facebook en campañas políticas (el escándalo de Cambridge Analytica, por ejemplo), pues son fenómenos  que tienen incidencias reales. Es decir nacen como un fenómeno digital y se transforman en uno narrativo, histórico, al fin y al cabo, tal como lo menciona Byung Chul Han: la historia es narrativa y lo digital es numérico, “poshistórico”. Con estos fenómenos lo digital transforma lo narrativo, se digitaliza primero para luego pasar a la historia.

Por lo demás, es fundamental que en términos educativos se reflexione sobre las incidencias que tienen las nuevas tecnologías sobre las relaciones, económicas, políticas, sociales y subjetivas. Asimismo, es necesario tener en cuenta que estas transformaciones están o se darán. Por lo tanto, carece de energía añorar el pasado, adjudicando que “todo pasado fue mejor,” porque, tal como la asimetría de la mirada que surgió con Skype, las videollamadas de plataformas  como Whatsapp están dadas para las nuevas generaciones,  las cuales no conocieron aquel “pasado mejor”  en la que los seres humanos se veían y tenían posibilidad de diálogo con el otro.Diálogo  entendido como un choque que produce incomodidad, tensión y escrutinio del otro que me ve. Por ello, hablar sin reconocer las dinámicas de sujetos inmersos en estás dinámicas de positividad y narcisismo, reduce el espectro de análisis, incidencias y líneas de fuga a estos objetos que modifican al hombre y sus relaciones con el mundo. Por eso mismo es necesario actualizar la educación, para que no intente eliminar la enquistada relación de las nuevas generaciones y lo digital.

Referencias bibliográficas:

Byung Chul Han (214). En el enjambre (Raúl Gabás, trad.). España: Herder.

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