Hobbes y Locke: ¿Cómo es posible la ética y la moral en el contractualismo?

El presente artículo tiene como finalidad exponer las teorías éticas de Hobbes y Locke planteadas en el texto de Victoria Camps titulado: Breve historia de la ética. Por lo tanto, en primer lugar, se explicará el planteamiento de la teoría del contractualismo y qué es un contrato social para Hobbes y Locke; para en un segundo momento, articular las problemáticas que conllevan una ética del contrato social.

[1] Tomado de: https://psicologiaymente.com/psicologia/leviatan

1. Ética del miedo:

Hobbes se basa en una ética del miedo como hipótesis para explicar el comportamiento social del ser humano. La principal preocupación de Hobbes es cómo el ser humano puede vivir en sociedad y cuál es el elemento que posibilita su cohesión social y política. El elemento clave para esto, según Hobbes, es el temor a una represalia por una conducta inadecuada.

El individuo ha pasado a ser el elemento fundamental de la organización social, política, económica, etc. La moral ahora no está basada en unos preceptos divinos (o transcendentes), sino que es una moral de individuos para individuos. Pero traer al individuo como eje de la moral (y de la política) acarrea unas consecuencias y unas problemáticas: “Dicho de otra forma, habrá que encontrar la manera de conciliar un interés común, que nadie percibe como común, con los intereses particulares de cada individuo.” (Camps, 2008,141). Articular el interés particular de cada individuo con el interés general de la comunidad, es una de las principales problemáticas de la filosofía política y moral moderna. Hobbes piensa, según Camps, que uno sigue las normas impuestas, no por una buena voluntad general, sino por el miedo que implica no seguir esas reglas.

Para Hobbes, lo que permite preservar un orden social es un Estado fuerte y poderoso al cual los súbditos no tengan otra opción que obedecer. Si dejamos que los seres humanos vivan sin orden ni ley, se estará en un supuesto estado de naturaleza, donde habrá una guerra de todos contra todos, aunque hay que aceptar que eso jamás se ha comprobado en la historia.

Para buscar los principios morales de la conducta humana, se debe ahondar en el conocimiento individual de la razón y de la naturaleza humana. En Hobbes todavía existe unos principios universales de la moral y que son inherentes en cada individuo, para preservar la vida y sus deseos particulares. Existe un derecho natural que se le puede aplicar a todas las sociedades existentes. Pero ¿cómo aparece la obligación política del individuo? Es el Estado quien impone y explica la obligación política de los individuos y su moral. Por eso: “El punto de partida para la teoría del Estado hobbesiana es la igualdad <<natural>> de todos los hombres, en un doble sentido: igualdad en el derecho a la vida e igualdad en cuanto a la capacidad y expectativas para satisfacer los propios deseos.” (Camps, 2008, 145).

El hombre es egoísta por naturaleza. Y se parte del supuesto que un individuo jamás abandona sus deseos, incluso si esto implica, dominar los deseos del otro. La importancia del Estado radica en evitar caer en el estado de naturaleza. Entonces ¿qué es el estado de naturaleza? Es una situación hipotética donde los individuos viven en un estado salvaje, sin límites y en la libertad absoluta. Es un enfrentamiento de deseos y donde impera la norma del más fuerte. Aquí es donde el Estado entra como regulador de los deseos de los individuos y coarta la libertad absoluta de los mismos.

El desarrollo de la ética del miedo que plantea Hobbes, lo lleva a afirmar que el egoísmo es lo más natural que existe en el ser humano, como dice Camps: “Es importante subrayar que el razonamiento de Hobbes se basa en el egoísmo natural humano: cada uno lo quiere todo para sí, pero el miedo a morir obliga a aceptar la ley y el orden como la forma de vivir más racional.” (Camps, 2008, 147). Lo primordial que busca el Estado es la paz, porque en el estado de naturaleza se vive el estado de la guerra constante. Por lo tanto, en el Estado se plantea un “contrato social”, un pacto entre “enemigos” que permite preservar la vida. Este “contrato social” no es un pacto real, sino una elección libre de individuos, que ceden sus derechos naturales a un soberano, para que él defienda la libertad de cada uno de los miembros de susodicho Estado. Aquí se puede observar como la modernidad intentó solucionar el problema de cómo hacer convivir, los intereses particulares de un individuo, con el bien general de la sociedad.

Ahora cuando se organiza los sujetos, a través del contrato social, aparece la figura del soberano y del Estado, y con él, el orden moral de la sociedad. Las nociones de lo bueno y lo malo aparece con la figura de la ley, que configura qué es lo bueno y qué es lo malo en el Estado. Son artificiales porque en el supuesto estado de naturaleza, no existe algo así como lo bueno y lo malo, solo la confrontación entre deseos y pasiones. Aunque eso no implica necesariamente que no existan unas leyes naturales que aplican para todos los seres humanos. Es más, para Hobbes, existe unos preceptos morales universales, como respetar la vida del otro, como no cometer injusticias, que son innatos a todo ser humano, pero que no se dan en el estado de naturaleza.

Hay que señalar que el poder del soberano no recae en la divinidad, sino solo en la autodeterminación de los individuos que están en el contrato social.  El soberano es quien ostenta el poder de manera absoluta. Y quien decide sobre lo bueno y lo malo, en el terreno civil y político. ¿Y qué pasa con la libertad en el Estado? La libertad que plantea Hobbes, según Camps, es una libertad negativa. “La teoría del contrato social de Hobbes pone los cimientos de lo que acabará siendo el concepto liberal de libertad: la libertad entendida como el poder hacer todo aquello que no está prohibido por la ley.” (Camps,  2008, 150). Mientras yo pueda cumplir con mis deseos y pasiones, y no afecte la libertad del otro, estoy siendo realmente libre y autónomo. Esto es un cambio de paradigma, porque la ética planteada por Hobbes, es una ética individualista. Aparece la escisión entre lo privado y lo público.

La pregunta que se plantea después el texto de Camps, es qué si realmente se puede desarrollar una ética, bajo unos preceptos como el miedo y la ambición de poder. La cohesión social solo se da por el miedo y la supervivencia que tiene cada individuo. No importa realmente el otro, solo interés particular. Ya no es la pregunta por la mejor vida, sino la pregunta por la preservación y la supervivencia. Por eso la conclusión a la que llega Camps, siguiendo a Macpherson, es:

“¿Hay ética en la teoría de Hobbes? Sí, pero una ética movida por el interés, la única viable y posible en una sociedad capitalista. La preocupación por el otro a que incita esa ética no tiene como móvil la compasión, por ejemplo, sino el egoísmo, la convicción fría y racional de que el propio interés se preserva mejor en una sociedad regulada por un poder con autoridad para hacerlo.” (Camps, 2008, 156).

Thomas Hobbes fue un filósofo inglés considerado uno de los fundadores de la filosofía política moderna.

Locke y la ética:

Locke, al igual que Hobbes, va a plantear una serie de preguntas acerca de la obligación política y moral de los individuos. Es un defensor de la libertad individual y la tolerancia religiosa. Concibe las relaciones sociales como obligaciones que quedan establecidos mediante un “contrato social”. Pero basados en el principio de la libertad individual.  “Para ello parte de una concepción de la naturaleza humana como <<un estado de perfecta libertad>> y de un <<estado de naturaleza>> donde reinan la igualdad y la libertad.” (Camps,  2008, 180). Con el planteamiento de la libertad individual, ahora la cuestión de quien detenta el poder recae en la relación del soberano con sus súbditos, no del soberano con la divinidad, como sucedía en la Edad Media europea. Deja de ser un poder patriarcal. Porque comienza del supuesto que todos los hombres son libres e iguales ante la ley. Por eso cualquier usurpación del poder político, sin previa autorización de los súbditos, debe ser rechazada, según Locke.

Tomado de: https://www.google.com/url?sa=i&source=images&cd=&ved=2ahUKEwjCup3_7u7kAhWjxFkKHR9kDBUQjRx6BAgBEAQ&url=https%3A%2F%2Fwww.contrainfo.com%2F21086%2Fque-es-la-desobediencia-civil%2F&psig=AOvVaw11pdbspZ1z_9PDui_n8xPV&ust=1569600322629852.

¿Cómo evitar que el derecho natural de la propiedad caiga en la desigualdad? Se necesita de un Estado que legisle para garantizar ese derecho natural y, ponga límites en la codicia y ambición de algunos de los ciudadanos de ese Estado. Pero esas leyes positivas no deben ser impuestas por el soberano absoluto, como puede ser en el caso de Hobbes, sino de un consenso entre todos los súbditos. No es ley, si no es aprobada por todos en el contrato social. Por eso una de las principales diferencias entre Locke y Hobbes se plantea de la siguiente manera: “No es el miedo ni la ambición lo que fundamenta el contrato en Locke, sino una tendencia implícita en la humanidad que conduce <<naturalmente>> al orden social.” (Camps, 2008, 184). Hay una tendencia natural al convivir con otros y a proteger mis intereses particulares, que eso solo lo garantiza la ley.

En el estado de naturaleza, la propiedad es común y no es posible defender el derecho a la propiedad. El estado de naturaleza de Locke no es el estado de guerra, como lo planteaba Hobbes, sino un “momento” donde no hay un juez que sirva como mediador entre conflictos. Como yo renuncio a parte de mi libertad en el Estado, el Estado cuando legisla, debe contar con la aprobación de los súbditos. Sería más como una democracia, y no como se plantea en Hobbes, como un Estado autoritario absoluto. El contrato social en Locke es un “consentimiento” o “acuerdo” entre partes iguales. Aquí en Locke lo importante es la confianza de un individuo a otro para mantener la cohesión social, no el miedo ni la ambición. “Es una libertad que consiste en aceptar el fin de la sociedad tal cual es, sin cuestionarlo. Es importante señalar que, en este caso, la base del consentimiento es la confianza, que está en las antípodas del poder absoluto y que es el supuesto imprescindible para unirse en sociedad.” (Camps, 2008, 186).

En Locke, al contrario que puede uno ver en Hobbes, existe el derecho a la desobediencia, porque al ser un contrato consentido, si el gobierno se vuelve autoritario o despótico, debería poder ser derrocado por el pueblo. Aunque Locke no cree mucho en este derecho, porque cree que la gente está más dispuesta a sufrir que a sublevarse en contra de la autoridad.

Hay una crítica en el texto de Camps, llevada de la mano por Macpherson, sobre ¿quién es realmente libre en este contrato social de Locke? La respuesta es que la libertad individual va acompañada de la propiedad. No todos los ciudadanos son libres, solo los que tienen propiedad. Esto conlleva una problemática, debido a que, en el sistema económico capitalista solo unos pocos tienen propiedad, no la totalidad de la sociedad. No todos son iguales ante la ley, solo ciertos individuos. Pareciera que esta defensa de la propiedad como derecho natural, implica una desigualdad imposible de evitar. Como lo plantea Camps: “Si entre los propietarios y los pobres asalariados hay diferencias tan fundamentales, la idea de un estado de naturaleza donde reina la igualdad es una abstracción que deja de tenerse en cuenta en cuanto uno desciende a las diferencias del mundo real que no se cuestionan.” (Camps,  2008, 188).

Hay una separación entre lo religioso y lo político en Locke. Lo religioso perteneciendo al ámbito de lo privado y, lo político al ámbito de lo público. Esto es importante porque la religión deja de ser el eje central de la discusión ética y moral. Es una moral de la sociedad para la sociedad.  Aunque existe una ley natural que lo ordena todo. ¿Y cómo se llega conocer la ley natural en Locke? No es una ética constructivista, sino una ética metafísica y racional. Hay unos principios éticos inalterables como la justicia, la paz, la virtud, etc. Pero se hacen confusos cuando se investigan sobre ellos, porque aparece el lenguaje como un limitante en el ser humano. Es por culpa del lenguaje que no conocemos la realidad moral y los principios básicos de la ética. Por eso la conflictividad en el Estado, porque se vuelve una moral construida a través del dialogo.

John Locke fue un filósofo y médico inglés, considerado como uno de los más influyentes pensadores del empirismo inglés y conocido como el «Padre del Liberalismo Clásico».​​​

3. Conclusión y críticas al planteamiento de Hobbes y Locke:

Como conclusión se puede argumentar una serie de objeciones a las teorías éticas de Hobbes y de Locke. Una de ellas recae en una exclusión de una parte de la sociedad, por el bienestar de la totalidad de la misma. Los dos autores parten de una concepción antropológica definida, el sujeto político europeo moderno. Intentan describir una sociedad política particular, como si esta fuera la sociedad por excelencia. Y unos individuos particulares, en la noción de sujeto de la modernidad europea. Esto puede quedar claro en la siguiente cita del filósofo francés contemporáneo, Jacques Rancière:

“Por ejemplo, en la Francia del siglo XIX, los obreros pueden construir su huelga en forma de pregunta: ¿los obreros franceses pertenecen a este conjunto, a los franceses que la Constitución declara iguales ante la ley? La pregunta puede volverse aún más paradójica. Por ejemplo, las primeras militantes feministas francesas, pueden formularla así: ¿una francesa es un francés? (…) Dichas frases no solamente permiten manifestar una misma falla lógica que devela las vueltas de la desigualdad social. Permiten articular también esta falla como una relación, transformar el no-lugar lógico en lugar de una demostración polémica.” (Rancière,  2006, 20).

Si existe una desigualdad social, hay unos que no entran dentro de la ley y el orden. Esto se puede observar en la teoría política de Locke, expuesta más arriba en el ensayo. No hay una igualdad real, solo teórica. Cuando uno mira las realidades sociales de hoy en día, se da cuenta que el derecho sobre la propiedad causó una sociedad profundamente desigual. Hay unos individuos que son más iguales ante la ley que otros. Y esto es así por la adquisición y la riqueza de unos pocos. No hay posibilidad de desacuerdo entre los mismos habitantes, solo unos que están de acuerdo y otros que no lo están, y que, por lo tanto, hay que sacar de la sociedad civil. No hay posibilidad de dialogo y disenso. Solo existe un régimen que tiene el poder absoluto y al cual hay que obedecer.

Por eso, otra de las problemáticas es el poder absoluto del soberano en Hobbes y la nula aplicación del derecho de la desobediencia, que no aparece en el filósofo inglés. En Hobbes existen dos maneras de poder soberano:

“El poder soberano necesario podía llegar a existir de uno de los dos modos siguientes: cuando un hombre o un grupo de hombres conquistaba y sometía a los habitantes de un territorio (soberanía por adquisición), o cuando unos hombres acordaban entre ellos por contrato ceder todos sus poderes naturales a algún hombre o conjunto de hombres (soberanía por institución)” (Macpherson, 2005, 31).

Entonces el soberano se puede convertir muy fácilmente en un déspota que solo desea desarrollar sus intereses particulares. Y en el caso específico de Hobbes, no es posible, teóricamente derrocar a ese soberano, porque la consecuencia sería peor, que sería el hipotético estado de naturaleza. Además, ese déspota puede cambiar las leyes positivas morales a su interés y dejando de lado el interés de la comunidad. Actuando bajo el miedo de un supuesto, que jamás se ha dado en la historia, sino que es un experimento mental.

Esto es claro en el capítulo XXI del Leviatán de Hobbes. Aquí Hobbes va a hablar sobre la libertad de los súbditos y la libertad del soberano. La libertad del súbdito solo puede ser aplicada en la sociedad civil y en la República. En ningún otro escenario es posible. Y como se ha renunciado a su libertad por la del soberano, todo lo que haga el soberano es válido y justificado, para preservar la libertad y la seguridad. Por lo tanto, con lo antes mencionado, es que en la posición política de Hobbes es imposible concebir la desobediencia civil como algo valido, porque es un acuerdo consensuado entre ambas partes donde ambos son culpables de las normas establecidas en la sociedad civil:

“Sin embargo, no podemos entender que por esa libertad el poder soberano sobre la vida y la muerte quede abolido ni limitado. Pues se ha mostrado ya que nada puede hacer el representante soberano a un súbdito, en ningún campo, que pueda adecuadamente llamarse injusticia, o injuria porque todo súbdito es autor de todo acto hecho por el soberano; y nunca le falta por eso derecho a cosa alguna, salvo en el sentido de que es súbdito de Dios y está por ello forzado a observar las leyes de la naturaleza.” (Hobbes, 1994, 302).

Por eso es que, en nombre de la libertad y el soberano, se pueden cometer muchas injusticias. Y eso es válido y justificado bajo el pretexto del orden y de la ley. Eso es peligroso porque en sociedades altamente plurales, la represión puede llegar a ser brutal, y no es posible llegar a acuerdos, debido a su fija posición imposible de cambiar.

4. Bibliografía:

Camps, V. (2008) Breve historia de la ética. RBA. Barcelona, España

Ranciére, J. (2006) Política, policía, democracia. LOM ediciones. Santiago, Chile.

Macpherson, E. (2005) La teoría política del individualismo posesivo. Editorial Trotta. Madrid, España.

Hobbes, T. (1994) Leviatán. Editorial Altaya. Barcelona, España.

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