Invitación: pensar nuestra Colombia

Este escrito surge por las masacres recientes que han ocurrido en mi país, Colombia. Se ha denunciado a través de redes sociales y medios de comunicación, que la violencia ha repuntado y todavía no existe una explicación clara y contundente acerca de la motivación. Uno de los posibles motivos que uno puede aludir, tiene que ver con esa lógica que ha imperado y que se ha constituido como una forma de hacer política electoral, es la llamada lógica de la violencia. ¿Cómo se explica esa lógica? Uno puede desarrollar esa idea partiendo de un hecho histórico, el Bogotazo. Desde la muerte de Jorge Eliecer Gaitán, mucha gente que se interesó por la política en el país, vio que una de las formas que más redito electoral tenia era la política de las armas y la violencia. Se comenzaron a asesinar candidatos presidenciales, ministros, opositores, partidos políticos, comediantes, solo por resaltar algunos. La violencia se intensifico por el narcotráfico, pero eso no significa que el narcotráfico es causa de la violencia, sino que es consecuencia. ¿Consecuencia de qué? De una política que no le interesó los pobres ni el campo.

La problemática de lo anterior es la normalización de la violencia y la muerte. Se volvió parte del paisaje las masacres, los asesinatos, el desplazamiento forzado, tanto así que la constitución prima en uno de sus artículos, más exactamente el artículo 12, que “Nadie será sometido a desaparición forzada, torturas ni a tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes”. Vean el grado de normalización de la violencia, que uno de nuestros derechos fundamentales es que no lo desaparezcan. En casi ninguna constitución de Occidente aparece ese derecho, porque es algo implícito en el derecho de la vida. Aquí, por la violencia, la Asamblea Constituyente decidió dejar explicito que es un derecho fundamental.  

La violencia no es algo nuevo, y seguirá en el país, porque en el poder siguen aquellos que llegan con discursos de la violencia, con esa vieja forma de hacer política. Creo que una posible solución al tema de la violencia es crear empatía por el otro. Uno puede explicar etimológicamente la palabra empatía, y viene del griego ἐμπάθεια, que una posible traducción es: sentir las pasiones del otro. En palabras coloquiales, es ponerse en los zapatos del otro. Uno se podría imaginar cuál podría ser la sensación que tienen los familiares de los jóvenes masacrados en Nariño, el dolor que deben estar sintiendo por no volver a ver físicamente a sus seres queridos. Se podría pensar en el dolor de las madres de los jóvenes asesinados por el ejército, en el caso de los falsos positivos. Esas personas sufrieron por doble, porque no fueron asesinados, fueron dados de baja, por ser supuestamente guerrilleros. Miren que incluso en las palabras existe esa lógica de la violencia. Ellos no eran guerrilleros, eran jóvenes que querían salir adelante, darle la “casita” a su madre, que dejara de laborar, así como los deportistas. Y a las madres solo les quedó el dolor, el llanto, el sufrimiento, porque eran sus seres queridos.

Para poner otro ejemplo, miren la bandera de nuestro país. Los tres colores de nuestra bandera representan diversas cosas que tiene nuestro país. El amarillo representa nuestras riquezas, el azul es nuestros mares y nuestros cielos, y el rojo es la sangre derramada por nuestros héroes cuando se decidió por la independencia del yugo español. Nuestra bandera no es simétrica, porque el amarillo es más grande que los otros dos colores, debido al argumento que nuestro país tiene más riquezas que otra cosa. Ahora, la pregunta es ¿Cuál debería ser nuestro color representativo? Si me pusieran a elegir a mí, elegiría el rojo, pero no por los mártires que dieron la vida por nuestro país, sino por la cantidad de sangre que hay en nuestra tierra. ¿Dónde está la verdad de la muerte de Jaime Garzón? ¿Carlos León Pizarro? ¿Rodrigo Lara Bonilla? ¿Jaime Pardo Leal? ¿Guillermo Cano? ¿Luis Carlos Galán? ¿Bernardo Jaramillo Ossa? ¿Álvaro Gómez Hurtado? ¿Alfonso Reyes Echandia? Eso solo es la punta del iceberg. Esos solo son unos cuantos muertos de los más de 300.000 posibles muertos que data el Centro de Memoria Histórica. Este país nada en sangre y una buena forma de suprimir ese dolor es olvidando, pero no hay que olvidar a todos aquellos que los mataron por pensar un país mejor, por denunciar esa lógica de la violencia, es por ellos que uno hace estas reflexiones.

Una de las preguntas que surgen de esta reflexión es ¿Cómo se crea esa empatía? La literatura es una buena herramienta. Una de las capacidades de la literatura es la de crear ficciones, la de llevar mundos fantásticos a la gente. Es esa capacidad la que se necesita ahora, cuando la violencia vuelve a surgir. Hay que volver a contarle a la gente cuánto daño hizo esa lógica, cuantos padres y madres no pueden volver a sus tierras o no pueden cantar sus cumpleaños debido a la problemática de la violencia, porque, o fueron desplazados, o fueron asesinados. Yo quiero visitar a mis seres queridos a la casa, no a la tumba. Esta es una invitación, y por eso el título, a pensar nuestro país. A encontrar soluciones que no nos lleven a la violencia. A sacar este país adelante, con menos desigualdad y más oportunidades reales para todos. Sí, esta es una interpelación a ti querido lector, a que piensen cual es el mejor camino para nosotros, porque vivimos en sociedad, y lo que hacemos, afectamos a los demás.

Victimas de la masacre en Samaniego, Nariño

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