Oyèrónké Oyèwùmi: un feminismo decolonial africano

Oyèrónké Oyèwùmi nació el 10 de noviembre de 1957. Es una socióloga feminista de Nigeria. Como socióloga, su trabajo ha sido rescatar las características de la cotidianidad africana, todo ello alejado del método de análisis americano y europeo, pues cree que estos términos y marcos teóricos no contemplan la realidad del contiene africano. Sus análisis, como los estudios de género, han dado cuenta de diferentes aspectos de la realidad de su continente, como: las diferencias de género por colonización, la sexualización de las deidades africanas y por ende el proceso de adoctrinación religiosa, la política y sistema patriarcal africano, la invisivilización y el papel de la mujer en las comunidades africanas; así también como estudios lingüísticos que dan cuenta de cómo las categorías de género occidentales son muy diferentes a las africanas (como las de la comunidad Yorùbá) y por ende crea realidades no correspondidas con los hechos.

Oyèrónké Oyèwùmi, socióloga feminista nigerniana.

El texto de Oyèrónké Oyèwùmi nos permite volver a analizar y destejer aquellas nociones clásicas que se heredan a partir de la colonización, algunas de ellas como: género, dominio, patriarcado, linaje, etc. Todo esto a partir de datos históricos, estudios de comentaristas, experiencias, testimonios de los presentes de aquel periodo, entre otros. Los cuales nos permiten dar cuenta que la mayoría de estudios caen en un cúmulo de categorías impartidas por el eurocentrismo. La forma de análisis e investigación de la autora es interesante, pues evita caer en estas categorías y busca aclarar las contradicciones o los sesgos de las interpretaciones que se hacen tanto del colonialismo como de los estudios del África.

Lo político: sistemas administrativos, educativos, legales y religiosos

En el capítulo número cuatro: La colonización de las mentes y los cuerpos: Género y colonialismo, la autora establece como objetivo esclarecer aquellas prácticas e ideologías que influyeron en la conducta de la gente colonizada. Para llevar a cabo su objetivo comienza hablando sobre el colonizador y el colonizado. En este punto es evidente la considerable información que se tiene sobre la participación de la figura masculina en la colonización, al mismo tiempo que se cuestiona sobre el papel poco visible y apreciado de la figura femenina, en especial el de las colonizadas: Las historias de colonizados y colonizadores se han escrito desde el punto de vista masculino –las mujeres son periféricas, si acaso aparecen–. (Oyèrónké, 2017, pp. 207). Ahora bien, la marginación de la mujer africana en el periodo de colonización se debió a varios factores, uno de ellos fue la obsesión de la cultura occidental por lo visual. El colonizador observó la distinción de las formas de la hembra y el macho, a partir de ello estableció su objetivo primordial para la construcción de su política haciendo uso del macho. El aspecto físico de las formas parece haber establecido un canon y una jerarquía en la cual la contextura varonil era la más apreciada para ejercer ciertas labores (de las cuales se hablará más adelante). Esta jerarquía está compuesta, dice Oyèwùmi: Comenzando en la parte superior, estaban: los hombres (europeos), las mujeres (europeas), los nativos (hombres africanos) y lo Otro (las mujeres africanas)”. (Oyèrónké, 2017, pp. 209). La última categoría sobre la cual Oyèrónké enfatiza más, pues es el género oprimido, el género aparentemente sin poder, el género inferior. Estas ideas de género conllevan al planteamiento de un estado patriarcal en el cual la hembra es excluida de toda estructura de estado colonial. Antes, en el territorio de Nigeria, especialmente en la sociedad de Yorùbá, las posiciones de gobierno, de trabajo e institucionales, tanto en hembras como en machos, se implementaban a partir de la señoridad (relativa a la edad) o el linaje. Entonces, la distinción visual de la anatomía de los cuerpos fue implantada por occidente, aportando así un rango de autoridad a los machos y despojando de su institución a las hembras. Sin embargo, ese no fue el único cambio que se estableció por medio de la colonización y el estado patriarcal, pues asuntos como el matrimonio, el divorcio, la sexualidad y el embarazo quedaron a disposición de esta nueva tradición, tanto que la gente africana quedó sumida bajo esta nueva forma de dominación. La académica y comentarista, Nina Mba, de un corte occidental, enfatiza en las ventajas del gobierno británico sobre las mujeres negras, pues ella pensaba que el gobierno mejoraba la situación legal y matrimonial de ellas, a lo que Oyèwùmi responde aclarando la ventaja que representa para el hombre un sistema legal dominado por él y el vacío que se genera excluyendo a la mujer, lo que demuestra que es arbitrario afirmar que fue un beneficio cuando no mostraba la realidad de la situación. El segundo factor que entra en el papel de la colonización es la educación, pues el interés de impartir enseñanzas a los colonizados tenía bajo la mira la idea de introducir el cristianismo y a partir de él reformar la religión que había en el viejo Oyó (un imperio, sobre todo en gran parte de Nigeria), que estaba conformada por deidades y òrìṣàs de ambos géneros. Por ejemplo: el ser supremo Olódùmarè, cuya identidad no tenía establecido un género. Pero la llegada del cristianismo trajo consigo la idea de un Dios único y masculino. La idea de este Dios fue propagada por medio de la educación: sólo ese fue el propósito de las escuelas, el poder evangelizar el territorio africano. Pero esta labor requería de figuras masculinas africanas para evangelizar a los de su clase: aquellos machos que decidían cristianizar a los de su gente se les llamaba misioneros. En el currículum de educación occidental las prácticas se diferenciaban según el género: para el niño había énfasis en lectura de la biblia, gramática y ortografía; mientras que para la niña se veían asignaturas similares, pero introduciendo intensidad horaria en labores domesticas como la costura y el bordado. Estas tendencias en la educación ya mostraban diferencias de género: “El mensaje era simple: los muchachos estudiaban para convertirse en empleados, catequistas, pastores, misioneros, diplomáticos o políticos incluso. El papel de las chicas era lucir delicadas y atractivas, listas para convertirse en las esposas y ayudantes de aquellos hombres potencialmente poderosos” (Oyèrónké, 2017, pp. 222). Poco después los resultados de estas tendencias de educación se verían reflejados en las hembras como amas de casa y los machos como figuras educadas e intelectuales. Sin embargo, la posición social poco a poco fue cambiando de ideal hasta que las hembras con educación eran las más apetecidas para el matrimonio con hombres educados y aquellas hembras cuya vocación ejercida era la de ama de casa eran obligadas a casarse con un macho que tuviera una buena estabilidad financiera. Ahora bien, uno de los efectos que trajo consigo el acceso de los machos a la educación en el contexto africano y a los ideales occidentales fue el efecto psicológico de superioridad de uno frente al otro: “En un principio, hubo mucha resistencia de los estudiantes machos quienes sentían que las chicas no se desempeñarían escolarmente tan bien como ellos debido a su inferioridad mental”[1]. Por ello, una digresión, aún en la actualidad (tanto como en África como en el resto de occidente) hay personas con el ideal basado en que las mujeres no deben ser participes de ciertos estudios, cargos o labores, por la supuesta inferioridad intelectual. Por otro lado, retomando la idea de la reforma a la religión en el territorio Yorùbá, uno de los impactos que demuestra Oyèwùmi fue la introducción de un cristianismo androcéntrico basado en la promoción de la dominación del macho, por ejemplo: la privación y subestimación de la participación femenina en las iglesias misioneras: “Se les excluía del clero y no tuvieron un papel oficial en absoluto. Pero con la fundación de las iglesias independientes, las mujeres comenzaron a asumir papeles más importantes y ello estuvo en mayor sintonía con la participación tradicional de las ana-hembras en la religión Yorùbá” (Oyèrónké, 2017, pp. 232). Es decir, que sólo a partir de la iniciativa independiente de fundar iglesias con la participación femenina fue posible hacer visible la religión tradicional y el liderazgo femenino. (Un breve paréntesis: ¿Qué es ana-hembra y ana-macho? el prefijo “ana” hace relación al concepto de anatómico, lo que refiere a la diferencia entre humanos por su composición física, la percepción visual del cuerpo, etc). Otro impacto visible en el territorio Yorúbá con la llegada de la religión occidental: “Fue la introducción de las ideas de género en el ámbito religioso, incluyendo el sistema religioso indígena. En la religión tradicional, en ninguna parte operaban distinciones de ana-sexo, ni en el mundo humano ni el de las deidades”. (Oyèrónké, 2017, pp. 234). Posteriormente a la introducción de la religión occidental en Yorùbá las deidades y las òrìṣàs fueron masculinizándose: “Olódùmarè comenzó a verse como “nuestro padre celestial”; si se les reconocía, las òrìṣà hembra se visualizaban nebulosamente con menos poder que los òrìṣà macho; y “nuestras ancestras y nuestros ancestros” se convirtieron en nuestros antepasados” (Oyèrónké, 2017, Pp. 235). Finalmente, otra de las diferencias que visibiliza Oyèwùmi es aquella que se dio en el período colonial entre hembras y machos, la administración del sistema salarial y la fuerza laboral. La construcción de la vía ferrocarril que conectaba con tres colonias, posteriormente llamadas Nigeria, fue la fuente de esclavización y riquezas de los británicos. Esta fuente de trabajo colonial mostró cierta distinción y exclusión en su mayoría dirigida al sector femenino, pues el macho accedía más fácilmente al sector monetario, ya que la labor masculina era vista como algo “moderno” y la femenina como algo “tradicional”, lo que de cierta forma denotaba la invisibilidad y poco importancia de la labor femenina aún cuando esta era necesaria para la sobrevivencia de la comunidad. Esto trajo consigo ciertos impactos, uno de ellos es la figura del macho como dominante y la hembra como dependiente, otro es la figura masculina como el “sostén de la familia”, y finalmente el cambio de la mujer africana de ser una Aya a ser esposa.

El periodo de colonización en los territorios de África visibiliza la rapidez con la que algunas personas abandonaron sus tradiciones y se adaptaron a aquellas reglas e ideales occidentales, que trajeron consigo nuevas categorías de género, nuevas formas de dominación, nuevas formas de educación, nuevas creencias en cuanto a la religión y en especial la visión de la hembra doméstica, marginal, dependiente, inferior, no intelectual. También, una visión del macho dominante, laboral, moderno, privilegiado, educado, superior. La colonización europea arrasó en parte la cultura tradicional que aguardaba en los pueblos africanos, especialmente en la sociedad de Yorùbá. Los impactos nocivos trajeron consigo las jerarquías de raza, forma y género. También el impacto psicológico, pues no importaba si las distinciones eran impartidas desde los más pequeños a los mayores aprovechándose así de la falta de educación de estas personas, resultando en las repercusiones que se lograron en periodos posteriores (La colonización de la mente). La colonización occidental no sólo nos hizo cómplices de su imagen y construcción en los períodos anteriores, sino que normalizó aquellas visiones de superioridad masculina e inferioridad femenina. Por ello la dominación que ejerció Europa aún sigue viva en nuestros ideales de género, pues al día de hoy tememos vigentes aquellos prejuicios: desigualdad académica, desigualdad laboral, maltratos, violación, machismo, segregación, entre otros. Nos queda preguntarnos, por último, si en la comunidad Yorùbá se identificaban o se determinaban según un género, pues sería posible pensar a un ana-macho que deseara identificarse como ana-hembra, o viceversa.


[1] T. Solarin, To Mother with Love: An Experiment in Auto-biography, (Ibadan: Board Publications, 1987), 223.

Referencias:

Oyéronké, O. (1997). La invención de las mujeres: Una perspectiva africana sobre los discursos occidentales del género (Alejandro Montelongo González, trad). Colombia: Editorial en la frontera.

2 comentarios sobre “Oyèrónké Oyèwùmi: un feminismo decolonial africano

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  1. Hola. El artículo es interesante pero la verdad es que he quedado algo decepcionado porque me esperaba encontrar una defensa de la cultura propia africana que ha sido y es incorrectamente gestionada por el colonialismo, pero lo que uno se encuentra es el típico victimismo anacrónico en el que parece que todos los europeos seamos los mismos que hace siglos partieron fuera de su entorno, equivocándose sí, pero posibilitando que hoy podamos enfrnetarnos todos a un mismo problema global. Es decir, los occidentales también somos victimas de aquellas maneras incorrectas, patriarcales, sesgadas y autoritarias del pasado, que sin que nadie vieniera de fura, se están corrigiendo no obstante, aunque sea a paso de tortuga.

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    1. Buen día señor Moinelo, para mí es muy importante recibir la opinión por parte del lector.
      En respuesta a su comentario me gustaría decirle que el artículo se escribió a modo de reconstruir una pequeña parte de la obra, de la socióloga feminista Oyèrónkẹ Oyěwùmí, desde un contexto colonial.
      Desde mi punto de vista es extensa la información que tenemos de la experiencia del colonizador, así que mi labor en este texto fue rescatar no sólo las formas de género en Yoruba, sino también adjuntar la experiencia de la y el colonizado que como insisto y a mi modo de ver es poco lo que tenemos datado sobre ello.
      Agradezco su punto de vista!

      Le gusta a 1 persona

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