Ni Ferragamo ni sandalias

La historia detrás del calzado más barato del mundo

Como es costumbre, en temporada electoral suelen salir a la luz los “pecados” de aquellos candidatos que están en la puja por obtener algún cargo público que le otorgue fuerza (mayor control institucional en el territorio) a la bancada que representan. Este fue el caso de Gustavo Petro, quien, en el marco de la campaña por las pasadas elecciones presidenciales, tuvo que hacer frente a las críticas que desató su aparición, en una jornada antitaurina de 2017, calzando unos mocasines Salvatore Ferragamo. Muchos de sus detractores tildaron de incoherente el hecho de que el líder de la Colombia Humana abanderara un discurso de equidad social y de protección medioambiental montado en un par de zapatos de cuero tan costoso. Lo cierto es que, hoy en día, ni siquiera un candidato que use sandalias de plástico (el calzado más barato del mundo) es ajeno a la red de explotación oculta tras la globalización.  Mi objetivo con este escrito es desenmarañar la falacia que encierra el afirmar que el consumo de artículos baratos se traduce en cooperación para la abolición de la inequidad social y en la preservación del medioambiente. Para ello, les presentaré el recorrido de las sandalias y de los estilos de vida, si es que se les puede llamar así, que se erigen alrededor de su producción.

El viaje de las sandalias inicia en Kuwait, este país, como la zona petrolera más importante de oriente Medio, ofrece dos tipos de empleo: uno de alto turmequé, reservado para los geólogos que rastrean la ubicación del crudo. Otro, reservado en su mayoría para migrantes de algunos países del golfo pérsico y del sur de la India, quienes llegan a trabajar y a vivir en el desierto por periodos de 30 a 40 días (Knowles, 2015); asunto que les priva de la posibilidad de asociarse y crear sindicatos en pro de garantías laborales. Los componentes de la vida de los trabajadores kuwaitíes están teñidos de petróleo: el religioso (la oración en la mezquita que se encuentra ubicada en las inmediaciones del paisaje de las sedes de exportación de petróleo); el laboral (el trabajo en la compañía petrolera del gobierno) y, el social (las relaciones con su familia), que dependen de su carga laboral y el tiempo libre que logren destinar a ello.

Luego de extraído el petróleo, este es importado por las refinerías y plantas petroquímicas de reconocidas marcas ubicadas en Daesan, Corea del Sur. Allí, se fabrican detergentes, jabones, solventes, fertilizantes, pesticidas, explosivos, aislantes, gomas y el plástico utilizado para la elaboración de sandalias y de otra infinidad de productos. La historia de vida de los empleados de estas compañías está escrita por las empresas por las que son contratados: sus viviendas, hacen parte de la dotación que les provee la empresa. Su transporte, lleva el rótulo de la marca para la que laboran y hasta sus vecinos son sus propios compañeros de trabajo en las plantas petroquímicas y en las refinerías de crudo. La vida y los salarios jugosos de los trabajadores de las grandes compañías de Daesan dependen del petróleo y están sustentadas por la subcontratación en otros sectores de la industria que son mal pagos. Un gran porcentaje de surcoreanos tiene contratos de medio tiempo y la mayoría de estos son inestables (Knowles, 2015). Las garantías que tienen sus habitantes que no están vinculados con las refinerías de las grandes marcas son volátiles, como lo son, también, las garantías de toda la mano de obra subcontratada para la transformación del crudo en otras sustancias.

Los plásticos de las fábricas petroquímicas de Daesan, Corea del Sur, son exportados a Fuzhou, China. Los de mejor calidad, son destinados a la elaboración de parachoques de automóviles y otros elementos de alto costo. Los de más baja calidad, son conducidos a la industria manufacturera de sandalias (en su mayoría elaboradas por migrantes rurales chinos). Migrantes que aspiran a empleos en la industria de calzado que les traigan mejoras a la calidad de sus vidas. Resulta que, en Fuzhou, las viviendas son garantizadas por las empresas que fabrican artículos de plástico. Estas, han generado la estratificación social a partir del número de integrantes de una familia que estén vinculados, por ejemplo, a la elaboración de sandalias. Por esta razón, el sueño de algunas familias chinas es que sus hijos nazcan con el “ingenio y la creatividad” necesarios para emplearse en la industria del calzado.(Knowles, 2015).

Una vez hechas las sandalias, estas se dividen en dos grupos que van hacia la región del cuerno africano, específicamente a Etiopia, que es el mayor consumidor de este calzado chino. El primer grupo es ingresado al país de forma legal. Este es llevado hasta Yibuti en donde se pagan los aranceles para su ingreso al país vecino; el segundo grupo, en cambio, es ingresado a Etiopia burlando la seguridad de su frontera con Somalilandia, hasta ser desembarcado en Addis Abeba (Knowles, 2015). Allí, las sandalias son comerciadas en mercados mayoristas, minoristas, tiendas y quioscos y, son infinitos los rumbos que estas toman en los pies de los habitantes del país africano, quienes, en su mayoría, no cuentan con otro par de zapatos. La ruta de este calzado termina en los rellenos sanitarios de Addis Abeba, en donde algunas personas que se dedican al reciclaje las aprovechan, o, el gobierno las destina, junto con otros desechos, a la producción de energías renovables para abastecer las viviendas de la capital del país[1]. El mapa que aparece a continuación, muestra el viaje del calzado más barato del mundo:

Imagen tomada de www.flipfloptrail.com

Ahora que les presenté el recorrido de las sandalias y, con este, las historias de vida de todo el tejido social que hay detrás de ellas, me animo a concluir que denunciar la desigualdad social mientras se calzan unos Ferragamo es tan ilícito (teniendo en cuenta la red de explotación que trae la subcontratación de mano de obra extranjera por parte grandes marcas), como lo es hacerlo, mientras se calzan unas sandalias de plástico como las que ustedes y yo tenemos en casa. Pues, todas, o su gran mayoría, fueron hechas de polietileno (PE) y de etilvinilacetato (EVA), que son los dos tipos de plástico más utilizados en la elaboración de calzado en Fuzhou, China.


Sandalias de Etilvinilacetato (EVA).
Imagen tomada de https://www.google.com/amp/s/m.spanish.alibaba.com/amp/goods/eva-injection-sandal.html
Unos mocasines Salvatore Ferragamo.

Referencias:

Knowles, Caroline. (2015). The Flip-Flop Trail and Fragile Globalisation. Theory Culture & Society. 32. 10.1177/0263276415576217. Trad. libre de Lucía González Cruz.


[1] http://www.zabalgarbi.com/es/etiopia-construye-la-primera-planta-de-valorizacion-energetica-de-africa/

Un comentario sobre “Ni Ferragamo ni sandalias

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  1. Petro es hombre honorable, mientras que uribe es un granuja miserable que merece irse de la escena política colombiana. Es obvio que un ataque por unas Ferragamo carece de todo fundamento teniendo en cuenta la explicación de este artículo. Gracias por esta explicación tan clara. Saludos desde gatocapitalista2.blogspot.com

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