Santa Catalina de Siena: un acercamiento a una de las grandes mujeres filosofas del medioevo

Introducción

Este artículo tiene como fin reconstruir la vida, doctrina y pensamiento de la filósofa y santa: Catalina de Siena. Para ello se ha dispuesto el siguiente orden: en primer lugar se hablará sobre la biografía de Catalina de Siena. En segundo lugar, se hará una reconstrucción de las ideas y pensamientos de esta santa. En tercer lugar, se hará una breve conclusión en la cual se reluzca el pensamiento y misión de esta santa. También, cable aclarar que para la realización de esta tarea, he decidido adoptar una narrativa (y por ende descripción) allegada a un feligrés, o por lo menos, la adopción de una visión y escritura un poco “romántica” o católica, esto con el fin de poder hacer un acercamiento más fiel como espectador de la vida de esta filósofa de la edad media: el poder concebirla acogiendo precisamente su postura religiosa hacia la vida, cosa que evidentemente condicionó y constituyó sus creencias, pensamientos y existencia.

I. Biografía y hechos sobre Catalina de Siena

Catalina de Siena nació en el año 1347 y falleció un 29 de abril de 1380 en Roma.

La madre de Catalina (Lapa) dio a luz dos delicadas criaturas de sexo femenino en el año 1347, estas criaturas fueron llamadas Catalina y Juana, la segunda no tardó en regresar al cielo con la gracia bautismal, quedando así Catalina como la elegida para ser criada y más tarde vivir lo suficiente para convertirse en una gran santa, salvando muchas almas guiándose de sus virtudes.

La fecha exacta del día de nacimiento de Catalina es incierta.

Catalina en su crecimiento fue muy entregada a la religión, en especial a honrar el nombre de Dios. A la corta edad de cinco años recitaba arrodillada en cada peldaño de su casa un Ave María: desde aquel entonces ella manifestó haber elevado su pensamiento sobre las cosas visibles e invisibles. Después, a la edad de seis años, Catalina, caminando en dirección a la iglesia de los freiles predicadores, experimentó lo que sería una visión de el señor Jesucristo, sentado sobre su trono vestido de ropas pontificales y una tiara adornando su sagrada cabeza. Según ella, al lado de Jesucristo se encontraba San Pablo, San Pedro y San Juan evangelista; aseguraba ella que mientras contemplaba este momento con rigidez y asombro, el señor Jesucristo se dirigió a ella con benigna ternura procediendo a bendecirla, así como lo hacen los obispos. Desde ese instante Catalina ya no parecía una niña, pues tanto sus virtudes, su manera de pensar y ser fueron convirtiendo poco a poco superiores. A su corta edad la santa y filósofa sentía como el amor divino abundaba en su corazón e iluminaba su inteligencia: ella dirigía todas sus acciones de a acuerdo a las normas propuestas por el evangelio. Permanecía en oración y dejaba los juegos propios de su edad. Catalina influía sobre las niñas de su edad para que estas escucharan sus misericordiosos pensamientos y los imitarán: ellas se reunían en una habitación apartada disponiéndose a practicar toda abstinencia corporal. Rezaban El padre nuestro y El ave María tantas veces como lo ordenara Catalina. Esto fue el comienzo de lo que vendría para Catalina en su vida.

Catalina a la edad de 12 años había ya consagrado su virginidad. Nunca salía sola y actuaba según las normas establecidas con respecto a las mujeres solteras. Sus padres ignoraban la promesa de niña, pues pensaban en encontrarle un compañero digno de sus méritos. La madre de Catalina se encargada de ordenarle arreglar su aspecto exterior de tal forma que obligaba a peinar el cabello de la niña de forma adecuada, además le compraban vestidos para dar la imagen de una niña que deseaba hallar un hombre con el cual fuera posible contraer matrimonio, también cuidaban que tanto su cuello como sus brazos estuvieran adornados para agradar a los supuestos pretendientes. Catalina tenía claro su propósito, pero lo ocultaba a sus padres por posible desagrado por parte de ellos. Sin embargo, la santa cumplía contra su voluntad las órdenes dadas por sus mayores, dando como consecuencia que, en un momento dado de su vida y envuelta en lágrimas, ella exclamara: “¡Señor… mi padre espiritual está disculpando mis pecados! Y no es una nimiedad, pues precisamente el sentido de sus palabras se refiere a la “ignorancia”, en cierta medida, por parte de sus padres hacia sus inclinaciones religiosas y existenciales. Al respecto, una persona tan importante como lo fue en su vida, su consejero espiritual: Beato Raimundo de Capua; expresó precisamente la aversión y lo “banal” que resultaba para la filósofa el tener que someterse a imposiciones “estéticas” y convencionales a su época como mujer:

“Un ser que sin merecerlas ha recibido tantas gracias de su Criador ¿puede ser tan vil y despreciable que haya perdido su tiempo en adornar su cuerpo miserable para agradar a una mera criatura?”  (Capua, 1477, IV pág 9).

Catalina logró mostrar que su alma permanecía libre de todo “pecado mortal”. Ella conservó su virginidad del cuerpo y del alma, nunca manchó su espíritu y pureza con ninguna acción o palabra. Esta mujer dedicaba su tiempo a la oración, la meditación y a la construcción espiritual de sus vecinos. En un principio sus comidas eran pequeñas raciones de carne, respaldar, pan y agua. La carne poco a poco se vio disminuida al punto de dejarla con respeto a sus creencias religiosas, así que conformó su dieta con vegetales cocidos y agua.

Catalina diariamente se veía presionada por los deseos que quería su familia para con ella. En medio de sus obligaciones oraba y meditaba con el ánimo de cumplir su promesa con Dios: sufría todas las pruebas con paciencia y alegría. En medio de sus oraciones pedía que fuera protegida su virginidad: entre más persecuciones más crecía su goce espiritual; a tal punto que su padre término por entender que la santa niña se guiaba por la voluntad de Dios y no por el capricho o obstinación que mostraban las niñas a esa edad.

Durante su etapa de adolescencia y edad adulta, considerándose aún analfabeta, Catalina se unió a la orden de San domínico como terciaria. Esta orden buscaba lograr la perfección en la vida cristiana y dedicarse como enviados de Dios a predicar sobre el evangelio en la comunidad. En su camino de terciaria demostró estima por el conocimiento y la filosofía de San Agustín, plasmando en sus escritos ideas similares a las de éste santo y filósofo católico.

En su adolescencia, Catalina no entró en un convento pues permaneció en la casa de sus padres reclusa. A pesar de esta situación ella viajaba con frecuencia. Entonces, en uno de estos viajes, ya en su adultez, la santa conoció al papa Gregorio XI y adquirió su estima y confianza. Por ello, después el Papa le había autorizado a la filósofa negociar la paz, pues él consideró que una cruzada era la alternativa para lograr la alianza entre los cristianos europeos y así hacer la paz entre ellos. Sin embargo, cuando el Papa Gregorio Xl regresó de Italia, Catalina siendo su consejera espiritual, observó que no había en proceso ningún proceso de paz, lo cual hizo que ella reaccionará criticando el comportamiento del Papa, viéndolo como un hombre preocupado por el poder y no por el bienestar de sus fieles e iglesia. Lamentablemente, Catalina de Siena no pudo vivir lo suficiente para ver la iglesia reformada como ella lo deseaba, ya que su salud empeoró terminando así con su vida.

Sufrimiento y muerte de Catalina de Siena

Catalina siempre estuvo sometida a varias enfermedades corporales, sufría de constante “dolor violento” (dolor causado por entes del infierno, como ella decía) sin embargo, nunca formuló queja alguna ni mostró señales sobre sus padecimientos, siempre se encontraba dispuesta a recibir a sus seguidores espirituales con una sonrisa.

Demostró ser una mujer mártir y poseer santidad al sufrir constantes ataques (una vez más, infringidos por entes, según ella, traídos del infierno). Nunca se rindió en su camino a entregar su alma a Dios, pues soportó todo con alegría y paciencia, agradecía a Dios por su sufrimiento y nunca mostró signos de tristeza. En los últimos minutos que tuvo de vida la santa se dedicó a hacer recomendaciones piadosas a sus hijos espirituales a los presentes y ausentes, a todos prometió protegerlos siempre de todo peligro y darles señales cuando sintieran que se estuvieran equivocados (según los testigos del descenso de la Santa esta mujer repitió esas palabras hasta agotar sus fuerzas). Finalmente, cuando ella estuvo a punto de morir, encomendó su alma a Dios y falleció.


Sarcófago de Santa Catalina bajo el altar mayor de la iglesia de Santa Maria Sopra Minerva, Roma. Fuente: galeria.encuentra.com

II. Doctrinas y pensamientos de Catalina de Siena

Amor y libre albedrío.

Para ella Dios creo el mundo por el amor que tiene hacia él. Él conoce a todos los individuos que estamos en el mundo: incluso conoce y ama a todos los seres antes de crearlos, decía ella. Por esta razón para la filósofa es necesario que la humanidad demuestre el amor por y de Dios. Sin embargo, nace la pregunta: ¿Qué es necesario para amar a Dios? Uno de los principios para amar a Dios (y también al prójimo) se establece en el poder gozar del libre albedrío, pues esta facultad del alma, según Catalina, es aquella que no se ve afectada por el pecado original. El libre albedrío colmado por la gracia divina en el hombre, siendo un don de Dios, no lo afecta a él: este libre albedrío solo pertenece a la dignidad del hombre. A partir de ello es deducible que en esencia Dios es amor, pues Él conoce nuestra naturaleza (precisamente por ello nos dotó de libre albedrío, según ella) por lo tanto: todas sus acciones son de amor, Él ama de forma pura: así la humanidad goce del libre albedrío; pues sabe que aun teniendo libertad el hombre, este puede acercarse a Él y por ende, al bien. Para Catalina, Dios permite al hombre gozar del libre albedrío teniendo en cuenta sus pecados, todo esto con el fin de mirar la bondad, la paciencia (algunas de las virtudes) que tienen los hombres justos en la tierra. Esta cuestión de libre albedrío también permite que el hombre pecador admita y se arrepienta por sus actos profanos, logrando así un acercamiento con Dios y aceptando su posible penitencia.

Sobre la Voluntad

El pensamiento de esta Santa es similar al de San Agustín en cuanto al mismo interés sobre el término de la Voluntad. Para San Agustín no hay justicia divina de Dios si no hay voluntad en el hombre, y por ende una redención. Por ello, para el filósofo toda voluntad humana en el hombre está dominada por Dios, pues le cuida, ama y respalda en su camino a la felicidad (que es el camino al bien, y por ende a Dios). No obstante sobre la voluntad en el hombre, Catalina agrega y distingue que la voluntad es fuerte, en la medida que ningún ente divino no puede hacer nada contrario a esta facultad. En otras palabras: no hay otro ente que tenga el poder de dominar la voluntad en el ser humano sino él mismo. Su voluntad es conocerse así mismo, y por ende conocer la luz natural del alma, para poder encaminarse a Dios.

Sobre el conocimiento del alma

Somos libres de aceptar o rechazar la misericordia de Dios cuando llegamos a la etapa del discernimiento. Llegar al conocimiento del alma es de suma importancia para Catalina, pues esta es una de las condiciones necesarias para llegar al conocimiento de Dios. En pocas palabras: es necesario conocerse a sí mismo para llegar a amar a Dios. “Si uno no conoce su propia alma no conoce a Dios, si uno no conoce a Dios, no ama a Dios y, en consecuencia, no es capaz de sentir ningún amor en absoluto (Waithe, 1989, Pp. 229). Cabe aclarar, a modo de paréntesis, que para esta filosofa el alma posee tres facultades, las cuales son: la memoria, la consciencia (asociado a la inteligencia) y la voluntad; las cuales representan una trinidad: padre, hijo y espíritu santo.

Sobre la perfección del alma y el progreso espiritual

La perfección del alma para Catalina está asociada con la unión espiritual del hombre con Dios, la unión del alma es más perfecta que la del cuerpo y no hay acto de amor más perfecto que la unión con Dios. En el camino a la perfección del alma el hombre tiene que esforzarse y perseverar, en lo que sería descrito como un puente equilibrado entre Dios y la humanidad. A modo de símbolo, este puente está representado con tres escalones, los cuales son: El corazón, los pies clavados y la boca de cristo crucificado.

El progreso espiritual por el cual tiene que pasar el hombre se verá acechado constantemente por el pecado y tendrá que luchar contra él. Además, tendrá que librarse del amor equivocado (entiéndase como las relaciones conyugales, pues ella consideraba que era más importante el amar a Dios, entregarse a él, que a una persona) cosa que se traduce como la raíz del mal. Así aquellos que están dotados de virtudes puras (conceptos que se explicarán más adelante) serán los que puedan ascender por el puente.

Relación entre voluntad y conocimiento

Catalina sostiene que a partir de la acción de recibir el sacramento cristiano (Bautismo), el hombre dirige su voluntad hacia Dios. Este acto de creencia hace que la luz natural de la razón funcione bien, según ella. Por otro lado, si el hombre decide en acción rechazar la gracia de Dios, la oscuridad llegará al alma por el pecado y cubrirá la inteligencia. Para Catalina las consecuencias de perder el don de la luz natural de la sabiduría son inimaginables (bestiales, dice ella) como son: el ser ignorante, por ejemplo, y por ende dirigirse hacia el pecado. La luz natural de la fe (el conocer la verdad religiosa) es importante, ya que en el hombre permite que este vea, comprenda y transmita el mensaje de esta verdad.

Doctrina sobre las lágrimas

Esta doctrina, se divide en lo que ella llama: los cinco tipos de lágrimas, siendo estas:

  1. Las de la condenación: Lágrimas de aquellas personas malvadas.
  2. Las que son provocadas por el temor al castigo divino.
  3. Lágrimas de las personas que se han levantado del pecado y han empezado a dirigir su camino para conocer a Dios.
  4. El llanto perfecto, el cual es de aquellas personas que han alcanzado un nivel de perfección, en este nivel la persona ama no sólo al prójimo sino que también entrega su amor a Dios, sin ningún tipo de interés.
  5. Las relacionadas con el anterior punto, pero con la diferencia de que son lágrimas derramadas con ternura.

En este transcurso, el alma para Catalina se encuentra en el periodo de aceptar con bondad el sufrir pacientemente. En este periodo hay una suerte de equilibrio entre felicidad y tristeza, pues el alma llora por el prójimo, se regocija con los que están alegres, se viste de caridad para sus vecinos y una vez alcanza su meta final se libera de todo sufrimiento. Dios en ese momento dota a todos con virtudes como: La justicia, la humildad, la templanza, la obediencia, entre otras. Una vez estando en la meta final estas virtudes siguen allí, no son despojadas, en cambio se ven reflejadas con más gracia divina.


Giovanni Battista Tiepolo, “Santa Catalina de Siena”, circa 1746, Kunsthistorisches Museum, Vienna. Austria. Fuente: Wikipedia.

III. Conclusión

Catalina fue una mujer importante para la historia de la edad media, su forma de predicar y sus pensamientos demuestran un gran dominio en temas y conceptos relacionados con la filosofía y la teología. Algunos de estos temas son: La moral, la fe, la virtud, el alma, el conocimiento de sí mismo y sobre Dios, entre otros. Su filosofía de vida se vio influenciada por figuras del pensamiento como lo son Platón y San Agustín. Catalina no sólo mostró un pensamiento basado en su creencia en Dios, sino que se dedicó a mostrarles a sus hijos espirituales que era posible seguir una filosofía de vida.

IV. Acotación

Los documentos que hablan sobre la vida de Catalina fueron encontrados después de su muerte. Estos fueron reconstruidos y nombrados La Leyenda mayor, por parte del sacerdote domínico y consejero espiritual de Catalina de Siena: Raimundo de Capua. Este hombre terminó de escribir el documento sobre la vida de la Santa Catalina en el año 1395. (Las obras que hablan sobre la vida de la Santa Catalina de Siena tienen que consultarse con cautela, ya que la mayoría de éstas fueron escritas para respaldar el movimiento de canonización).

Cabe aclarar también, que en la carta dirigida a su consejero espiritual Raimundo de Capua expresa sus sentimientos y experiencias espirituales, a los que ella nombró: “ Los grandes misterios de Dios”.

BIBLIOGRAFÍA:

Raymond, C. (1477). The life of ST. Catharine Of Siena. Philadelphia: Dublín

Waithe, E. (1987). Medieval, Renaissance, and Englightenment women. Dordrecht. Catherine of Siena, by Cornelia Wolfskeel. Kluwer Academic Publishers incorporates. The Netherlands.

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